3.4. Monumentos administrativos: la basílica

Si hablamos de basílica, es probable que en tu cabeza aparezca la imagen de una iglesia, no creas que es fruto del despiste o una equivocación, es que este modelo de edificio guarda una estrecha relación con las iglesias cristianas posteriores.
En su origen, la basílica era un edifico destinado a la burocracia del Estado romano, fundamentalmente a la justicia, al comercio y a diferentes ceremonias públicas. Era por tanto, una edificación de gran tamaño, normalmente, con 3 naves, siendo las laterales de menor altura para dejar entrar la luz en el interior y cubiertas con bóveda de cañón. En la cabecera estaba rematado con uno o varios ábsides que techaban con medias cúpulas.
Uno de las basílicas más destacadas en el foro de Roma era la Basílica de Majencio.

Basílica de Majencio
Basílica de Majencio.
Imagen de Xosema en Wikimedia Commons bajo licencia cc

Objetivos

Cuando en el año 313 el emperador Constantino legalizó la religión cristiana tras el Edicto de Milán, los cristianos salieron de sus escondites de las catacumbas y plantearon la necesidad de un nuevo edificio grande y diáfano que albergara a todos sus fieles para las celebraciones religiosas. Fue la basílica la que mejor se adaptaba a sus requisitos, por lo que este edificio en un principio ideado para la justicia y el comercio, fue transformado como las primeras iglesia paleocristianas.  

Actividad

La basílica es un edificio en el que impartía justicia, se realizaban transacciones comerciales y se llevaban a cabo actos públicos

Actividad de lectura

Majencio inició su construcción en el 307; al lado del Foro y de la Vía Sacra, y fue terminada en tiempos de Constantino después de la batalla del Puente Milvio (313). En ella se renunció a la planta y al alzado delas basílicas tradicionales, como las dos existentes en el Foro, a favor de la magnificencia de un grandioso y alto salón, cubierto de bóvedas de crucería, como los frigidaria de las termas imperiales. En el extremo norte del mismo se encontraba el ábside de la cabecera; y en el meridional, el vestíbulo de entrada (narthex) con sus arquerías.
A los dos lados del salón central daban tres salas altas perpendiculares al eje de aquél, cubiertas de bóvedas de cañón.  En la pared del fondo, se abrían dos series superpuestas de tres ventanales que proyectaban su luz en el interior del recinto. Gran parte del peso de las bóvedas de crucería cargaba sobre ocho columnas gigantescas adelantadas a las pilastras de los muros transversales.
A diferencia del Pantheon, que nada dice por fuera de lo que tiene dentro, aquí el edificio traduce al exterior sus componentes espaciales internos. Y por añadidura, un contraste: el interior, de un lujo realmente oriental, con todo lo que el ingenio humano había descubierto hasta entonces como recurso suntuario de la arquitectura, y por fuera algo nuevo: el ladrillo visto, monócromo y austero, revelando al fin que el ladrillo de buena fábrica no necesitaba del revestimiento del mármol ni del revoco del estuco pintado.
Con este rotundo calderón acaba la sinfonía de la arquitectura abovedada antigua, alcanzando su altura máxima de 47 metros en el salón central. Por desgracia este salón no se conserva, pero las tres bóvedas contiguas del lado norte, la del centro con el ábside que se proyecta al exterior hacia la Vía de los Foros Imperiales, dan buena idea de su grandiosidad.

Fuente: Artehistoria

Lee la descripción de la Basílica de Majencio y contesta a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo eran sus cubiertas?
  2. ¿Qué es un ábside? ¿Y un nártex?
  3. ¿Qué contrastes tiene el edificio entre el exterior y el interior?