El razonamiento: La lógica

¿Cuántas veces has discutido sobre cuestiones con la sensación de que el principal problema para aclarar el asunto era el modo en que se argumentaba? La típica “conversación de besugos” en la que, más que resolver, aumenta la confusión en la medida que la conversación progresa.
James Gillray: La fiesta de la razón y el fluir del alma
Imagen de Dcoetzee en Wikimedia Commons

Existen razonamientos que aceptamos de forma inmediata, ya que nos resultan evidentes, sin embargo, en numerosas ocasiones comprobamos que las argumentaciones racionales se complican a tal extremo que dudamos si el conjunto es coherente, o se trata de un argumento inconsistente. En otras ocasiones nos encontramos con razonamientos que tienen trampa, llegan a resultados que parecen concluyentes y sin embargo no lo son. Es posible que en alguna ocasión hayas querido zanjar algún problema enrevesado y te hayas preguntado lo siguiente: ¿existe alguna disciplina dedicada al estudio de las formas legítimas de argumentación? Así es, ésta es la lógica.
En éste y el próximo tema trataremos sobre la lógica, esta rama de la filosofía que se dedica al estudio de la validez de nuestros razonamientos. Se trata de un tratado sistemático sobre las reglas que nos permiten llevar a cabo inferencias justificadas.
Tras siglos en los que la lógica se desarrollaba utilizando un lenguaje natural, como es el que se emplea en estas líneas, la lógica pasó a emplear modelos matemáticos para el análisis de los procesos racionales; se transformó en una lógica simbólica. Te encontrarás con un lenguaje de signos que esquematizan los modos posibles en los que los humanos relacionamos entre sí a las ideas al argumentar; esto permite un análisis más claro y riguroso de los argumentos y, cuando estos se complican hasta el punto de no poder distinguir de modo inmediato si se encuentran bien construidos o no, posibilita determinar, mediante reglas precisas, si efectivamente las conclusiones están o no justificadas.