2. El territorio y la hidrografía española: ríos, cuencas y vertientes.

Los grandes ríos peninsulares.

Cuando realizamos un viaje largo por España, es frecuente que, de vez en cuando, atravesemos por un puente o viaducto. Ello se debe, por regla general, a la presencia de cursos de agua que hay que vadear para que las carreteras o vías de ferrocarril puedan continuar con su recorrido, sin ver interrumpido el tráfico que pasa por ellas.

El río Tajo a su paso por Alcántara.

Autor: Ángel Luis Vera.

 

Estos cursos de agua, a los que llamamos ríos si su caudal es elevado, o arroyos si por el contrario el caudal es bajo o intermitente, atraviesan toda la Península Ibérica (y también en bastante menor medida los dos archipiélagos, dada su superficie más reducida). A través de ellos, se drenan hacia el mar las aguas que precipitan en forma de lluvia o nieve en el interior de la península, o bien las que nacen en los manantiales que hay dispersos por la geografía española.

Es difícil precisar el número de ríos que hay en España, pero se calcula que hay unos noventa cursos de agua que superan los 50 kilómetros de recorrido, aunque entre ellos se incluyen un elevado número de afluentes. Estos son cauces que no desembocan directamente al mar, sino que lo hacen a otro río, a través del cual se conducen sus aguas finalmente hasta el océano.

El mayor de todos ellos es el Tajo, que es el único que recorre más de mil kilómetros a lo largo de su curso, exactamente 1.007. Sin embargo, no todos ellos atraviesan territorio español, ya que los últimos 275 corresponden al territorio portugués, por lo que en España "solo" recorre 731 kilómetros.

En este sentido, el río más largo de España es el Ebro, cuyos 910 kilómetros de recorrido, lo hacen íntegramente por el territorio español.

Otros ríos destacados son el Guadiana, con 818 kilómetros, aunque cuarenta de ellos atraviesan tierra portuguesa. Una buena parte del tramo de este río discurre bajo tierra en las Tablas de Daimiel, de ahí que en ocasiones se reivindique una longitud total de 967 kilómetros, si se toma como punto de nacimiento el afluente del Cigüela, lo que le convertiría en este sentido el de mayor recorrido por España.

Siguiendo un orden decreciente, el siguiente río peninsular con mayor recorrido (si aceptamos la cifra más alta estimada para el Guadiana) es el Duero, con 895 kilómetros (de los que 213 son portugueses), seguido del Guadalquivir con 657 kilómetros. Para no hacer la lista demasiado exhaustiva es conveniente citar otros de gran recorrido como Júcar, Segura o Miño, que superan todos ellos los 300 kilómetros desde su nacimiento hasta su desembocadura.

Mapa de la península Ibérica con los ríos de mayor recorrido.

Autor: Manuel GR. Wikimedia con licencia CC.

 

El afluente de mayor recorrido en todos los cursos de España es el Genil, que nace en Sierra Nevada (Granada) y vierte sus aguas al Guadalquivir. Su longitud total antes de conectar con este es de 337 kilómetros, lo que le convertiría en el séptimo más largo de España si pudiéramos considerarlo estrictamente como río y no como afluente.

Otros afluentes de gran recorrido son el Esla y el Pisuerga, cuyas aguas vierten al Duero. Tienen 275 kilómetros de longitud cada uno, y solamente son superados por los mencionados anteriormente.

Actividad

En España existen unos 90 ríos y afluentes que superan los 50 kilómetros de longitud. El más importante de todos es el Tajo, con 1007 kilómetros, aunque casi 300 de ellos los recorre en Portugal. El más largo de España es el Ebro, con 910, todos ellos en territorio español. Le sigue el Guadiana, de controvertido recorrido en cuanto a su longitud, pero cuyas estimaciones oscilan entre 778 y 987. Le siguen por orden decreciente el Duero, Guadalquivir, Júcar, Genil (que es un afluente del Guadalquivir), Segura, Miño y Turia.

Objetivos

Los ríos cambian la Historia.

Tras el descubrimiento de América en 1492, los Reyes Católicos sintieron la necesidad de centralizar todo el comercio con las Indias (que era el nombre genérico que se le aplicaba por aquel entonces a América) en una sola ciudad. El objetivo era impedir el contrabando y facilitar la explotación de las riquezas que venían de aquel continente por las rutas marítimas.

La ciudad elegida fue Sevilla. Esta urbe tenía una gran ventaja con la que no contaba ninguna otra en España. Tenía (y tiene) un puerto fluvial al que se podía acceder por el río Guadalquivir y, de esta forma, estaba mucho mejor resguardada contra los ataques de las escuadras enemigas que quisieran atacarla para apoderarse de las flotas de Indias y de los tesoros que estas traían.

En 1503, por lo tanto, se centralizó todo este comercio con América en Sevilla, estableciéndose en esta ciudad la Casa de Contratación. Durante unos dos siglos, la ciudad vivió una verdadera época de esplendor, aunque al final de este período comenzaron a surgir todo tipo de problemas económicos, sociales, políticos, etc.

Pero, quizás, todas estas circunstancias hubieran tenido solución de no ser por un imprevisto que superó todas las posibilidades técnicas que tenían los hombres de aquel tiempo para hacerle frente. El río comenzó a cegarse a consecuencia de los depósitos de limos que se acumulaban en el fondo del mismo. Así, los galeones que llegaban de América cargados de metales preciosos y de otras mercancías, no podían ni siquiera sobrepasar la barra de arena que paulatinamente y también a causa de las corrientes marinas, se estaba formando en Sanlúcar de Barrameda, justo en el lugar donde desemboca el río.

Desembocadura del río Guadalquivir donde forma la barra arenosa que ya en el siglo XVII impedía la navegación.

Flickr con licencia de Creative Commons.

El puerto de Sevilla en el siglo XVI, según el pintor Alonso Sánchez Coello. Wikipedia con licencia CC.

 

En aquella época, los sistemas de dragado eran insuficientes para retirar todo el lodo que se acumulaba en el fondo del río. El calado del mismo se redujo, mientras que el de los barcos no, así, en numerosas ocasiones, estos clavaban su quilla en la barra arenosa y les resultaba imposible proseguir el viaje hacia Sevilla.

De este modo, en 1717 el gobierno español tuvo que tomar una solución drástica, y esta consistió en arrebatarle a Sevilla el monopolio comercial con América y trasladarlo a Cádiz, en cuyo puerto, protegido por una bahía, no tenían problemas los barcos que querían desembarcar sus mercancías en el mismo.

Y así, Sevilla entró en una crisis de la que tardó mucho tiempo en recuperarse (de hecho ya nunca volvería a alcanzar el nivel que tuvo en Europa durante el siglo XVI), mientras que, por el contrario, comenzó el auge de Cádiz que se prolongaría todavía durante un siglo más.

El Guadalquivir, y la profundidad del fondo del mismo, decidió el futuro de estas dos ciudades.

Pre-conocimiento

Ríos y Guadis.

La palabra árabe Wad, o Uadi, significa río en castellano. Cuando los musulmanes llegaron a la península en el siglo VIII, modificaron el nombre que hasta entonces le habían dado los romanos a muchos de los ríos. Así, el río Anas, se convirtió en el Wad Anas, que es el actual Guadiana. El Betis, se convirtió en el Wad el Kebir (o Kabir), o Guadalquivir. Este topónimo, quiere decir en árabe "El río Grande", pues para los recién llegados, era el más grande o ancho de todos los ríos que quedaron bajo su control, y el que además pasaba por algunas de las ciudades principales de Al Andalus, como Qurtuba (Córdoba) o Ishbiliya (Sevilla).

En el norte de España apenas si hay ríos que comiencen con el prefijo Guad, dado que allí la presencia árabe fue muy escasa. Sin embargo, en la parte meridional de la península, este fenómeno es muy común y así podemos encontrar numerosos nombres de ríos que lo reflejan como el Guadalhorce, Guadalfeo, Guadabullón, Guadalmellato, Guadajoz, Guadaira, etc.

El río Guadaira a su paso por Alcalá (Sevilla).

Flickr con licencia Creative Commons por Olga Díez

Río Guadalhorce.

Autor: Sergio Tudela. Flickr con licencia Creative Commons.

AV - Pregunta Verdadero-Falso
Di si las siguientes frases son verdaderas o falsas.
Cuando un curso de agua lleva un caudal muy bajo se le denomina arroyo.
Verdadero Falso     
Sevilla sustituyó a Cádiz como sede de la Casa de la Contratación en 1717.
Verdadero Falso     
La palabra Wad o Uadi, tiene su origen en el castellano antiguo.
Verdadero Falso     
En la Península Ibérica no existe ningún río que sobrepase los mil kilómetros de recorrido.
Verdadero Falso     

Pre-conocimiento

"Te pierdes más que el Guadiana".

Este dicho popular, u otro parecido que dice, "Eres como el Guadiana", vienen a significar más o menos lo mismo. Es decir, se aplica a aquellas personas que aparecen y desaparecen de nuestra vida, o del lugar donde se encuentren, de un modo irregular o hasta inexplicable.

Su origen se encuentra en la comparación que de ellas se hace con respecto al curso del río Guadiana. Este es uno de los que más controversias presentan entre los hidrólogos, ya que todavía se discute cuál es el verdadero nacimiento del mismo. Actualmente se defiende la hipótesis de que sus aguas proceden del Sistema Ibérico, pero hasta no hace mucho tiempo, se decía que este se encontraba en los Ojos del Guadiana, que como su nombre indica, eran los "ojos" o lugares por los que el río volvía a aparecer.

El curso del río "desaparece" en laslagunas de Ruidera, entre Ciudad Real y Albacete, y "reaparece" a bastantes kilómetros de este lugar, en Daimiel. De ahí que exista la teoría de que durante una parte importante de su recorrido, el río sigue un curso subterráneo. Sea como curso de agua subterráneo, o sea como acuífero que recibe las aguas y del que posteriormente vuelven a manar, el río Guadiana se presenta como un curso misterioso y juguetón, que aparece y desaparece como aquellas personas que se pierden durante un tiempo y vuelven de nuevo cuando menos las esperamos.

El río Guadiana a su paso por las cascadas de las lagunas de Ruidera.
AV - Reflexión

En su obra Poema del Cante Jondo, Federico García Lorca escribió una poesía dedicada al Guadalquivir y denominada "Baladilla de los tres ríos". Léela detenidamente y a continuación coméntala desde un punto de vista geográfico, respondiendo a las preguntas que a se plantean al final de la misma:

 


El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

- ¿Cuáles son, según el autor, los cultivos más frecuentes en el valle del Guadalquivir?

- ¿Por qué dice que por Sevilla los barcos de vela tienen un camino, mientras que por Granada solo reman los suspiros?

- ¿Cuáles son los dos ríos granadinos a los que hace referencia el poeta?

 

El territorio peninsular y las aguas.

La mayor parte de España no corresponde a una zona climática particularmente húmeda. Sin embargo, buena parte de nuestro país está surcado por diferentes cursos fluviales. Estos, recogen las aguas que caen sobre la superficie del mismo y la conducen hasta los mares que bañan las costas españolas. Existen una serie de factores que influyen en la circulación de las aguas que recorren el interior del territorio de la península. Entre ellos se pueden destacar los siguientes.

La divisoria de aguas peninsular separa los cursos fluviales que vierten al Atlántico y al Mediterráneo.

Autor: FDV. Wikipedia con licencia CC.

 

Las precipitaciones, pues de su volumen dependerá la cantidad de agua que lleven estos ríos; los materiales y rocas que componen el territorio, ya que algunos son impermeables pero otros dejan filtrar el agua hacia el subsuelo; las pendientes del terreno, que harán que los cursos de agua se desplacen con mayor o menor velocidad; la vegetación, cuya presencia o ausencia hace que se retengan más o menos las aguas que discurren por ella; la acción antrópica, ya que los seres humanos también podemos influir de manera importante sobre estos cursos hídricos.

El agua que cae sobre cualquier punto de la Península Ibérica va a parar en su mayor parte a alguno de los dos grandes mares que la rodean, el océano Atlántico, y el mar Mediterráneo. Existe una línea imaginaria que recorre las cumbres de los Pirineos, la cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y las Béticas, que se denomina la divisoria de aguas, y a partir de la cual, el agua que cae sobre la península vierte hacia un mar u otro.

Las vertientes tienen características muy distintas. La Atlántica posee una mayor superficie debido a la disimetría del relieve peninsular que vimos en el tema anterior. En ella se encuentran la mayor parte de los grandes ríos peninsulares, como el Miño, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir.

La vertiente Atlántica de la península.

Autor: Phirosiberia. Wikimedia con licencia CC.

 

Esta vertiente se caracteriza porque el caudal absoluto de los ríos es muy elevado, al tener una gran cuenca de recepción de aguas y poseer un largo recorrido en su curso. Sin embargo, el caudal relativo es bajo, debido a que en general (salvo la cuenca del Miño) son zonas no muy húmedas que reciben una escasa precipitación anual.

Los hidrólogos diferencian a la cuenca Cantábrica de la Atlántica, y hay un motivo importante para hacerlo. Los ríos que vierten hacia el mar Cantábrico tienen unas características bien distintas a los de la vertiente Atlántica. Su recorrido es muy breve, al nacer en la Cordillera Cantábrica, y por tanto muy cerca del mar, mientras que por el contrario, la precipitación que reciben es muy elevada a causa de las abundantes lluvias. La consecuencia de todo esto es que su caudal absoluto es bastante bajo, pero el relativo es considerablemente alto. Es el caso del Nervión, el Bidasoa, el Sella, el Navia, el Nalón, el Pas, etc.

Vertiente Mediterránea de los ríos peninsulares.

Autor: Phirosiberia. Wikimedia con licencia CC.

 

Finalmente, la vertiente Mediterránea se caracteriza por poseer también en general unos ríos relativamente cortos (que nacen en el Sistema Ibérico o en los Pirineos). Estos poseen un caudal tanto absoluto como relativo bastante bajo, ya que atraviesan zonas que en general son áridas, en las que la precipitación suele ser escasa, es lo que sucede con el Turia, Júcar, Segura, Andarax, Guadalfeo, Ter, Llobregat, Besós, etc.

La única excepción, pero muy notable, eso sí, es la del río Ebro, que aunque tiene un caudal relativo bajo debido a la acusada aridez de la depresión del valle que atraviesa, tiene, sin embargo, un caudal absoluto bastante elevado debido a que su largo recorrido supera los 900 kilómetros de longitud.

 

 

 

 

 

 

Cuencas de los principales ríos de la peninsula.

Autor: FDV. Wikipedia con licencia CC.

Actividad

En la Península Ibérica existen tres grandes vertientes fluviales, la Atlántica, la Cantábrica (que en realidad forma parte de la anterior) y la Mediterránea. La primera y la última se encuentran separadas por la gran divisoria de aguas que hace que estas viertan hacia un mar u otro. Los ríos atlánticos tienen un caudal absoluto elevado y uno relativo bajo. Los Cantábricos son justo lo contrario, y los Mediterráneos tienen tanto un caudal absoluto como relativo muy bajo, excepto el Ebro que lleva gran cantidad de agua.

Objetivos

El perfil longitudinal de un río.

Es aquel gráfico en el que se representa la longitud y la diferente altitud que alcanza el curso de un río a lo largo de su recorrido. Normalmente, los grandes ríos suelen nacer a una elevada altitud, ya que sus aguas proceden de las cuencas de recepción de los sistemas montañosos más altos, como los Pirineos, la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico o las Béticas.

Por regla general, la altitud a la que discurre un río desciende con rapidez, por lo que en sus cursos altos se suelen formar rápidos e incluso cascadas en las que el río cambia de nivel bruscamente.

En la zona de la desembocadura, la altitud del río suele ser ya muy baja o estar prácticamente al nivel del mar. Esto es lo más habitual salvo en los grandes ríos que recorren la Meseta, ya que debido a la elevada altitud media de la misma, durante buena parte de su recorrido pueden mantener una altitud considerable antes de llegar a las llanuras portuguesas.

En el gráfico que te mostramos a continuación, puedes apreciar como también aparecen en el mismo los afluentes, así como el lugar en el que conectan con el curso principal, como su perfil longitudinal y la altitud tanto a la que nacen, como a la que confluyen con el río al que vierten sus aguas.

 

Perfiles longitudinales del Ebro y del Duero.

Pre-conocimiento

Las redes fluviales.

Al conjunto que forma el recorrido de un río con el de sus afluentes se le llama red hídrica o red fluvial. Existen numerosos tipos de redes dependiendo de cómo sean las relaciones entre el río y el resto de los cursos de agua que configuran su cuenca: reticular, dendrítica, circular o anular, anastomosada, etc.

Cuando los ríos efectúan una curva muy pronunciada en su cauce se le denomina meandro. En ocasiones, los meandros pueden llegar a cerrarse del tal modo, que acaban estrangulándose, con lo que el recorrido del río acaba adquiriendo una recorrido más lineal, sin tantas curvas.

Cuando los ríos se encajan en el lecho y varían la altura por la que anteriormente recorrían, forman lo que se denomina una terraza fluvial. Las terrazas fluviales suelen tener muy distintos tamaños y formas, generalmente poseen una gran fertilidad dado que sus materiales son sedimentarios, y son los testigos del nivel de base que alcanzaba el cauce del río en épocas anteriores.

La red fluvial del Ebro muestra un recorrido lleno de meandros.

Banco de imágenes geológicas de Flickr.

Meandro del río Alagón, un afluente del Tajo.

Flickr con licencia Creative Commons.

 

AV - Actividad de Espacios en Blanco
Lee las frases siguientes y complétalas con las palabras que faltan.
La que existe en la Península Ibérica, separa las que van a parar a la vertiente de las que van a desembocar en el mar Dentro de la primera existe una nueva división al distinguirse entre los cursos que desembocan en el Atlántico, de los que lo hacen al mar . Entre los primeros destacan el , Duero, Guadiana y , mientras que entre los segundos encontramos otros de menor recorrido como el Bidasoa, Nalón o En la vertiente el más importante de todos es el Ebro, pero también existen otros con menor cuenca como el Ter , Júcar, o Segura.